No por muchos es sabido que la FECh nace, en 1907, como símbolo de la rebeldía y el espíritu libertario de la juventud chilena en medio de una realidad nacional marcada por la explotación y la lucha de los trabajadores del salitre. Desde sus inicios trascendió al quehacer cotidiano de la universidad, dedicándose a la asistencia educacional, médica y legal de los trabajadores y de los sectores más postergados de la sociedad. Es en este contexto que, entre otras instituciones, es fundada en 1918 la Universidad Popular Lastarria para Obreros. A la vez, y en plena pugna entre el Estado laico y la Iglesia, la FECh tuvo una fuerte incidencia en la lucha contra la incidencia del Vaticano en la política chilena, elevando las banderas de la independencia del estado respecto de la moral católica.Pertenece a la historia también la primera gran generación de los años 20 de marcado carácter anarco-sindicalista. Esta fue la generación que planteó la idea de la Reforma Universitaria, influenciada por el Manifiesto de Córdoba, de 1918.
Con el surgimiento del Frente Popular el año 36, se produce un gran movimiento cultural y artístico, que tiene su base en la Universidad de Chile. El Teatro Experimental, la Orquesta Sinfónica, el ballet, y toda la extensión cultural es impulsada por los estudiantes.
Los años 1967-68 encuentran a todas las universidades agitadas: las huelgas por la Reforma comenzaron primero en la Universidad Católica de Valparaíso y Santiago, U. Santa María, U. Técnica, y en la Facultad de Filosofía y Educación de la Chile, parte de la cual era el Pedagógico. Comienza entonces el proceso de Reforma, el que durante el gobierno de la Unidad Popular consolidó a la Universidad de Chile como el eje cultural de discusión crítica, carácter que la convirtió en el blanco preferencial de la dictadura fascista.
El golpe militar de 1973 modificó el carácter y las actividades de la organización estudiantil. La represión inicial disolvió las federaciones. Cualquier actividad reivindicativa fue calificada de “subversiva”. La intervención en las universidades buscó negar y revertir cada uno de los logros del Reforma. En la Universidad de Chile este proceso adquirió sus más dramáticas y nefastas consecuencias: perdió sus sedes de provincias, las carreras pedagógicas, las actividades de extensión, los concursos para llenar cargos, las becas, la comunicación con la comunidad universitaria internacional y hasta las bibliotecas.
Sin embargo, la organización estudiantil volvió a generarse, esta vez a dos bandas. Por un lado, la organización formal, la FECECH, Federación de Centros de Alumnos, designada por la autoridad, de línea “gremialista” y por otro, los sectores opositores al régimen que se agrupaban en los Centros de Alumnos Democráticos. Al mismo tiempo, el gobierno promulgó la Ley General de Universidades, separó al Pedagógico de la Universidad de Chile, expulsó y relegó a los dirigentes de los Centros de Alumnos y puso punto final al incipiente movimiento estudiantil. Ya entrados en los gobiernos civiles, específicamente en 1995, y liderada por Rodrigo Roco, se constituyó una FECH Refundacional que debía llevar a cabo un Congreso Estudiantil, donde se elaboraran los Estatutos y Declaración de Principios de la organización. Más de 2.500 estudiantes marcharon a los pocos días a la Moneda para expresar su descontento con las políticas educacionales del Gobierno. En marzo del 96, la Federación se tomó la radio de la U, para evitar su venta. Por estos tiempos la FECH participa activamente en la reconstrucción del movimiento estudiantil en todo el país, a través de la CONFECH.
En las elecciones para constituir la FECH “definitiva” es reelecto Roco. Los estudiantes exigen un Estatuto Orgánico democrático y un Proyecto de Desarrollo Estratégico, elaborado por toda la comunidad universitaria. La U es tomada durante casi dos meses, a mediados del 97, movilizaciones que se recuerdan como las últimas con un movimiento estudiantil fuerte y con buena conducción. Esto, ya que durante los siguientes años y hasta nuestros días, el movimiento estudiantil ha permanecido débil y fragmentado. Es en 2005, a propósito de la Ley de Financiamiento (crédito con aval del estado), que los estudiantes tuvimos un momento de coordinación y se logró ejercer cierta presión que, claramente, no fue suficiente. Hoy, nuestro instrumento de organización se encuentra atravesando este proceso de decaimiento antes mencionado. A esto se le suma la tendencia gremialista que ha posicionado como eje temático las cuestiones de la academia y de nuestro bienestar, desligando de la discusión a los otros sectores sociales y, por lo tanto, aislando a la universidad.
Es responsabilidad de todos nosotros terminar con este estado de letargo en el que nos hemos sumergido, para construir una federación participativa y fuerte, inserta en los problemas sociales que nos trascienden como estudiantes y capaz de mancomunar los esfuerzos, para lo que resulta clara la necesidad de Refundar nuestro instrumento y dotarlo de un nuevo carácter.
Con el surgimiento del Frente Popular el año 36, se produce un gran movimiento cultural y artístico, que tiene su base en la Universidad de Chile. El Teatro Experimental, la Orquesta Sinfónica, el ballet, y toda la extensión cultural es impulsada por los estudiantes.
Los años 1967-68 encuentran a todas las universidades agitadas: las huelgas por la Reforma comenzaron primero en la Universidad Católica de Valparaíso y Santiago, U. Santa María, U. Técnica, y en la Facultad de Filosofía y Educación de la Chile, parte de la cual era el Pedagógico. Comienza entonces el proceso de Reforma, el que durante el gobierno de la Unidad Popular consolidó a la Universidad de Chile como el eje cultural de discusión crítica, carácter que la convirtió en el blanco preferencial de la dictadura fascista.
El golpe militar de 1973 modificó el carácter y las actividades de la organización estudiantil. La represión inicial disolvió las federaciones. Cualquier actividad reivindicativa fue calificada de “subversiva”. La intervención en las universidades buscó negar y revertir cada uno de los logros del Reforma. En la Universidad de Chile este proceso adquirió sus más dramáticas y nefastas consecuencias: perdió sus sedes de provincias, las carreras pedagógicas, las actividades de extensión, los concursos para llenar cargos, las becas, la comunicación con la comunidad universitaria internacional y hasta las bibliotecas.
Sin embargo, la organización estudiantil volvió a generarse, esta vez a dos bandas. Por un lado, la organización formal, la FECECH, Federación de Centros de Alumnos, designada por la autoridad, de línea “gremialista” y por otro, los sectores opositores al régimen que se agrupaban en los Centros de Alumnos Democráticos. Al mismo tiempo, el gobierno promulgó la Ley General de Universidades, separó al Pedagógico de la Universidad de Chile, expulsó y relegó a los dirigentes de los Centros de Alumnos y puso punto final al incipiente movimiento estudiantil. Ya entrados en los gobiernos civiles, específicamente en 1995, y liderada por Rodrigo Roco, se constituyó una FECH Refundacional que debía llevar a cabo un Congreso Estudiantil, donde se elaboraran los Estatutos y Declaración de Principios de la organización. Más de 2.500 estudiantes marcharon a los pocos días a la Moneda para expresar su descontento con las políticas educacionales del Gobierno. En marzo del 96, la Federación se tomó la radio de la U, para evitar su venta. Por estos tiempos la FECH participa activamente en la reconstrucción del movimiento estudiantil en todo el país, a través de la CONFECH.
En las elecciones para constituir la FECH “definitiva” es reelecto Roco. Los estudiantes exigen un Estatuto Orgánico democrático y un Proyecto de Desarrollo Estratégico, elaborado por toda la comunidad universitaria. La U es tomada durante casi dos meses, a mediados del 97, movilizaciones que se recuerdan como las últimas con un movimiento estudiantil fuerte y con buena conducción. Esto, ya que durante los siguientes años y hasta nuestros días, el movimiento estudiantil ha permanecido débil y fragmentado. Es en 2005, a propósito de la Ley de Financiamiento (crédito con aval del estado), que los estudiantes tuvimos un momento de coordinación y se logró ejercer cierta presión que, claramente, no fue suficiente. Hoy, nuestro instrumento de organización se encuentra atravesando este proceso de decaimiento antes mencionado. A esto se le suma la tendencia gremialista que ha posicionado como eje temático las cuestiones de la academia y de nuestro bienestar, desligando de la discusión a los otros sectores sociales y, por lo tanto, aislando a la universidad.
Es responsabilidad de todos nosotros terminar con este estado de letargo en el que nos hemos sumergido, para construir una federación participativa y fuerte, inserta en los problemas sociales que nos trascienden como estudiantes y capaz de mancomunar los esfuerzos, para lo que resulta clara la necesidad de Refundar nuestro instrumento y dotarlo de un nuevo carácter.
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